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Concurso internacional de arquitectura para el espacio Parque San Francisco. Puerto de la Cruz. Tenerife. 2013

 

Arquitectos: Luis Pancorbo, Inés Martín Robles.

Status: concurso

Cliente: Ayuntamiento del Puerto de la Cruz

Premios:  -

 

PSF

 

Con la convicción de que la práctica de la arquitectura hoy significa intervenir en el medio, en el paisaje que habitamos, más que levantar una construcción, tratamos de replantearnos cuál es el carácter esencial de un edificio cultural, para asegurar su coherencia interna y su éxito como institución pública.

 

Partimos del planteamiento de que la ciudad, con sus recorridos peatonales, zonas estanciales y el propio edificio funcionan como un sistema, como un conjunto por lo tanto susceptible de un proyecto unitario. El edificio, lo construido, pasa así de ser un objeto ensimismado, un obstáculo que bordear en el recorrido exterior, a formar parte del mismo, un elemento que es atravesado y conformado por los flujos peatonales.

 

El movimiento pasa a ser el generador de la forma y el edificio a ser un colector de flujos, un punto de paso e intercambio dentro de un espacio-movimiento más general. El conjunto de los nuevos usos pedidos en las bases se integran dentro de la red de recorridos urbanos como un nodo más, que preserva su continuidad y tiene la voluntad de actuar como un espacio público más de la ciudad.

 

La primera premisa de nuestra propuesta es la adecuación al entorno urbano más cercano, no sólo en el aspecto material, sino también en su funcionamiento. No sólo se produce una coherencia escalar por medio del cumplimiento estricto de una normativa de retranqueos y alturas que se desvela como adecuada, sino por el tratamiento de las cubiertas, muy expuestas a las vistas por la situación del edificio en la parte más baja de la ciudad, en continuidad de las fachadas.

 

Por otra parte, también hay una preocupación por la adecuación a la escala lejana, es decir a la precepción del tamaño relativo del edificio desde las zonas altas de la población. El espacio de mayor volumen del conjunto, la caja del auditorio, se regulariza para que aparezca al exterior como un volumen puro y se trata de desvanecer en el entorno mediante el uso de veladuras de materiales traslúcidos y transparentes como tubos y planchas preformadas de policarbonato y vidrio de tonos azules. De día esta caja reflejará el cielo y los colores del mar y de la ciudad, con un efecto de desmaterialización en el entorno que paliará su gran presencia. De noche por el contrario, la iluminación led controlada por un sistema informático y ubicada en la capa posterior al cerramiento traslúcido convertirá la caja en un fanal, que servirá como referencia dentro del caserío de la ciudad y como expresión de la actividad interior. Además, con esta caja se resuelven todos los temas de medianeras existentes planteados por la normativa aportada en el pliego.

 

La adecuación al contexto inmediato se produce también al forzar la conexión entre las calles Agustín de Betancourt y San Juan por medio de la planta de acceso del edificio nuevo, que pasa a ser así un nuevo vestíbulo urbano, permeable al paso de los viandantes y a las vistas, y que conecta con una planta sótano totalmente vinculada a el tanto visual como funcionalmente. Se crea una fachada en planta baja siempre acristalada desde la que se pueda apreciar todo el espacio interno, en sus distintos niveles. En la calle de San Juan, donde está el acceso principal a los edificios más importantes, esta planta baja se retranquea en parte para producir una zona a cubierto antes de las puertas. La planta primera en cambio se plantea con lamas de madera vacsolizada que se integra con los edificios colindantes y hace referencia esencializada y simplificada al tradicional trabajo de carpintería de las terrazas y balcones de la zona.

 

Sobre esta plataforma que une las dos calles y que se vuelca al espacio inferior, se coloca la caja del auditorio, que conforma un puente en la dirección ortogonal al anterior, que salva una luz notable y libera la planta inferior de exposiciones y congresos de la servidumbre de los apoyos estructurales. En su misma dirección se desarrollan otros dos “edificios puente” paralelos en los que se sitúan el MACEW y el restaurante.

 

Entre los distintos “edificios puente” se abren grietas de iluminación que llevan la luz a los lugares más alejados de las fachadas y conectan el cielo y todos los espacios públicos del edificio entre sí, produciendo un espacio tensionado por la luz y rico en interconexiones visuales diagonales entre los espacios a distintos niveles. Estos desfiladeros tensados por la luz se cosen con un sistema de vigas necesarias estructuralmente para apoyar las losas de los puentes laterales a las grandes vigas-pared de los laterales de la sala principal.

 

El conjunto se divide así, sin perder su coherencia, en partes diferenciadas que acogen a las distintas instituciones y usos de manera independiente, permitiendo su funcionamiento autónomo y la flexibilidad total en sus horarios de apertura y cierre. Cada uso tiene su edificio y su acceso propio.

 

El uso de mayor volumen, la sala de Parque San Francisco, con un aforo de 700 espectadores, se plantea como un espacio reconfigurable y multifuncional. Tendrá suelo y techo móviles, gradas escamoteables con asientos, así como hombros y escenario reconfigurables, para poder adaptarse a las necesidades cambiantes que exige una sala contemporánea. Puede funcionar como una caja totalmente neutra o como un auditorio o teatro con butacas. Se puede dejar completamente abierto y conectado con los foyeres laterales y con las calles o funcionar como una caja hermética. Puede tener luz natural o ser completamente oscurecido.

 

Se recupera así parte del espíritu del antiguo Parque San Francisco: la voluntad de acoger cualquier actividad y su carácter de espacio público abierto a la ciudad, adecuándolo a las condiciones, tanto funcionales y de seguridad, como de versatilidad programática, exigibles actualmente a instituciones de este tipo.